cuanto agua llevar de excursion o ruta

¿Cuánta agua llevar en una ruta de senderismo?

Hay días en los que sales confiado, metes “un par de botellas” y listo. Y otros en los que, a mitad de subida, piensas que deberías haber llevado medio litro más. Calcular cuánta agua llevar en senderismo no es una ciencia exacta, pero hay una forma sencilla de acertar la mayoría de las veces: combinar la duración, la temperatura, el desnivel y tu propia forma de sudar. A partir de ahí, ajustar es cuestión de sentido común y un poco de práctica.

La base: litros por hora según clima y esfuerzo

Como regla general, en una ruta templada y sin grandes exigencias físicas, piensa en 0,5 litros por hora. Si hace calor, vas al sol o encadenas subidas largas, mueve la aguja hacia 0,7–1,0 L/h. En días frescos y con tramos sombreados, es razonable quedarse entre 0,3–0,5 L/h. No es una fórmula rígida; es tu punto de partida.

Imagina una ruta de tres horas con unos 500 metros de desnivel positivo, a 24 °C. Con la regla de 0,5 L/h saldrían 1,5 litros. Como hay desnivel sostenido y el termómetro roza el calor, lo sensato es redondear a 2 litros. Si en cambio fueran tres horas por bosque fresco y sin apenas subida, probablemente con 1–1,5 litros irías cómodo.

Duración de la ruta: ejemplos realistas sin acceso a fuentes

Para orientarte rápido: en salidas cortas de 1–2 horas, con clima amable, llevar entre 0,5 y 1 litro suele bastar. En medias jornadas de 3–4 horas, la mayoría de personas se mueven bien con 1,5–2,5 litros. En rutas largas de 6–8 horas, especialmente con calor o más de 1.000 metros de subida acumulada, el rango lógico sube a 3–5 litros. Por encima de eso, la clave ya no es solo cargar más, sino planificar recargas: fuentes, refugios o filtrado.

Detrás de estos números hay un objetivo simple: beber antes de tener sed y mantener un ritmo constante de pequeños tragos. Los atracones de agua cada hora no funcionan tan bien; el cuerpo agradece la regularidad.

Cómo ajustar tu cálculo en 30 segundos

El ajuste fino se hace con tres preguntas rápidas. ¿Qué dice la meteo? Por cada 5 grados por encima de 20 °C, añade un extra pequeño por hora; si el día apunta a 30 °C o más, moverte entre 0,7 y 1,0 L/h es prudente. ¿Cuánto subes? Por encima de 600–700 metros de desnivel positivo en la jornada, suma otro poco a tu previsión. Y por último, ¿cómo sudas tú? Hay quien empapa la camiseta en la primera rampa y quien apenas brilla al sol: si estás en el primer grupo, arranca directamente en el rango alto. Mejor eso que quedarse seco cuando aún queda media cresta.

DuraciónEscenario típicoLitros recomendados
1–2 hTemplado, poca subida0,5–1,0 L
1–2 hCalor o sol directo / subida0,7–1,2 L
3–4 hTemplado, 300–600 m+1,5–2,0 L
3–4 hCalor o 600–900 m+2,0–2,8 L
5–6 hTemplado, 700–1000 m+2,5–3,5 L
6–8 hCalor fuerte o >1000 m+3,5–5,0 L
TravesíaCrestas expuestas, poca sombra~1,0 L/h

Agua sola o con sales: cuándo compensa

En salidas cortas, templadas y sin grandes esfuerzos, agua y listo. A partir de dos o tres horas, con calor o subidas largas, introducir electrolitos (bebida isotónica o cápsulas de sales) marca la diferencia: te ayuda a reponer sodio, mejora la absorción y reduce el riesgo de calambres. No hace falta obsesionarse: alternar un bidón con agua y otro con una mezcla suave es más que suficiente. Como pauta simple, cada 60–90 minutos mete algunos sorbos con sales.

¿Hay fuentes o refugios? Planifica para cargar menos (y con margen)

Las mejores rutas son las que te permiten cargar lo justo porque has confirmado de antemano dónde podrás rellenar. Revisa el track, lee reseñas recientes y, si llevas filtro o pastillas, cuenta con 5–10 minutos extra para parar y potabilizar. Eso sí: llega al punto de agua con colchón; no es buena idea apurar un bidón hasta la última gota “porque la fuente está al caer”. A veces no mana, está sucia o hay cola. Intenta no bajar de medio litro antes de cada recarga prevista.

Señales de que vas corto… y cómo reaccionar

La deshidratación no avisa con sirenas, pero deja pistas claras: boca seca persistente, dolor de cabeza tonto, orina muy oscura, piel caliente y un bajón de ritmo que no se explica por el terreno. En ese punto, levanta el pie, busca sombra, bebe con calma y añade sales si la salida es larga o el calor aprieta. Si no hay mejora o aparecen mareos y náuseas, toca recortar y buscar la vía de escape más cercana. No pasa nada por abandonar una cumbre; pasa mucho por ignorar el cuerpo.

¿En qué la llevo? Botellas, soft flasks y bolsa de hidratación

Para salidas de hasta tres horas, una botella rígida de 1 litro más una soft flask de 500 ml funcionan de maravilla: fácil de rellenar, fácil de controlar lo que te queda, y además puedes dedicar la soft a la bebida con sales. En jornadas largas, la bolsa de hidratación (2–3 litros) evita que “se te olvide beber” y reparte el peso. Aun así, llevar una botella adicional es práctico para mezclar isotónico y para rellenar en fuentes sin tener que desmontar la mochila.

El ritmo también cuenta: piensa en pequeños sorbos cada 10–15 minutos. Es un gesto mínimo que, repetido, mantiene la máquina a punto sin atragantarte ni provocar malestar.

Recap rápido que sí ayuda a decidir

Si necesitas una regla simple para aplicar hoy: empieza con 0,5 L por hora, súbelo a 0,7–1,0 L/h cuando haga calor, haya mucha subida o seas de sudar mucho, y planifica recargas si la ruta se va de madre. En salidas largas, electrolitos a intervalos y margen al llegar a cada fuente. Mejor un poco de sobra que quedarse corto, pero intenta que ese “poco” sea inteligente: lo que no vas a beber, pesa.

Si quieres más información, la propia reconocida marca Salomon, tiene un artículo sobre ello, puedes leerlo aquí.

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